Sedientos de impuestos
La SGAE ha vuelto a saltar a la palestra una vez más rodeada de polémica. Esta vez, a la Sociedad General de Autores se le ha ocurrido la brillante idea de cobrar a las peluquerías por poner la radio, hecho que ha sentado como un jarro de agua fría en las PYMES dedicada a este sector.

La SGAE defiende que las peluquerías no han pedido permiso para utilizar las emisoras como fondo musical, que será una pequeña aportación y que ya se hace en otros lugares. Pero ni a los peluqueros ni a mi me convencen con estos argumentos. Ya no es sólo por el dinero, es la gota que colma el vaso.
La SGAE está llegando a un punto extremo, rozando lo absurdo, en el que pretenden cobrar por absolutamente todo, y en ocasiones varias veces. Aún recuerdo el concierto benéfico que organizó Bisbal para ayudar a un niño enfermo, al que destinó toda la recaudación. La SGAE se apresuró a extender la manoy pedir su parte, hasta que el aluvión de críticas de toda la sociedad les hizo rectificar.
Los bares ya pagan impuestos por las televisiones de sus establecimientos, los discos y libros están suficientemente gravados por las tasas, hacer una fotocopia de una publicación se ha convertido en una misión imposible, en el precio de los CD está incluido un impuesto por grabar música o películas cuando en ellos también se pueden grabar archivos personales y no nos debería costar tanto dinero... la lista es innumerable. Pero la SGAE no se conforma y se inventa más impuestos absurdos que sean o no pequeños representan una soga que se aprieta cada vez más en el cuello de los consumidores y empresarios. Y justo en el momento más adecuado: la crisis económica.
Entiendo y apoyo que se defiendan los derechos de autor, cómo no, pero de ahí a una fiebre de impuestos por la más mínima acción me parece desmesurado. Los internautas sobre todo son los que más se están rebelando ante este ataque que amenaza también con limitar con creces el buque insignia de la red de redes: la libertad.
Algunos músicos aseguran que Internet y las descargas está acabando con la industria de la música. Otros, como el gran grupo Billy the vision and de dancers han decidido no nadar contra corriente y colgar gratuitamente su disco, dejando que cada persona que lo descargue haga una aportación dependiendo de su voluntad, o incluso que no pague nada si no quiere o no puede. Unos amigos me contaron que así conocieron su música y les gustó tanto las canciones y la idea que donaron una cantidad ajustada a su bolsillo y a la calidad de su música. Y parece que al grupo no le ha ido absolutamente nada mal en el aspecto económico y publicitario. No digo que no haya que pagar por el trabajo ajeno, pero quizá debamos dejar esa actitud de policía, o de cobrar 30 euros por un CD en el que sólo dos canciones valen la pena, y darle al coco, como grupos que incluyen mucho material extra, doble CD, fotos... a modo de edición de coleccionista, por unos 20 euros.
Así, qué, ¿qué será lo próximo? ¿Cobrar a los ciegos cada vez que lean en braille los números del ascensor? ¿Salir de un arbusto como el FBI cada vez que tarareemos o canturreemos nuestra canción favorita por la calle? ¿Cobrarnos impuestos cuando un par de amigos vengan a ver un partido de fútbol a nuestra casa? Mejor lo dejo aquí, no quiero dar ideas.
RAF.






